Mostrar mensagens com a etiqueta Jorge Mario Bergoglio. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Jorge Mario Bergoglio. Mostrar todas as mensagens

sexta-feira, março 15, 2013

Primeira Homília do Papa Francisco e outros textos a ler




A sua primeira Homília como Papa está aqui.
E hoje aos Cardeais disse isto (vídeo).
Sobre este novo e grande Papa, Julian Carrón, responsável do movimento Comunhão e Libertação, emitiu este comunicado.
Mais notícias neste Blog (do Filipe Avilez) e neste do Pedro Aguiar Pinto.

Mas também a não perder esta entrevista do Padre Duarte da Cunha que se encontra aqui sobre o estado da Igreja na Europa hoje em dia.

quinta-feira, março 14, 2013

Papa Francisco



Ou de como Jesus só consegue chegar a quem Dele precisa através dos que Lhe pertencem!

Papa: a razão do Francisco



A notícia retirei-a aqui do Blog do Padre Nuno Serras Pereira. O Francisco honrado no nome do novo Papa é o de Assis, conforme assim explica o Cardeal Dolan numa entrevista ontem. E é comovente o facto de ontem ter tomado o autocarro dos restantes Cardeais para voltar à Casa de Santa Marta onde passaria a noite...! Como "one of the guys"...;-)

(ou o momento acima retratado em que pede lhe dêem de novo o microfone ;-)

“Ele nos disse imediatamente que escolhia o nome de Francisco, em honra a São Francisco de Assis.- Cardeal Timothy Dolan

In Aleteia


“Ele nos disse imediatamente que escolhia o nome de Francisco, em honra a São Francisco de Assis. Talvez porque pensasse que poderia sugerir São Francisco Xavier, por isso rapidamente esclareceu.”
 
O cardeal Timothy Dolan, arcebispo de Nova York e um dos “papáveis” favoritos, falou ontem à noite, recém-terminado o Conclave, com os jornalistas, sobre o novo pontífice. Suas declarações foram recolhidas pela rede CBS.
A eleição “não nos surpreendeu, porque todos sabem o quão dedicado, amoroso e cuidadoso ele é com seus pobres em Buenos Aires. Lá ele pega ônibus todo dia para ir trabalhar. E foi do mesmo jeito esta noite, entenderam o que aconteceu?”, disse Dolan.
 
“Estávamos todos reunidos enquanto ele estava no balcão, saudando o povo. Descemos, como em outras ocasiões, e há ônibus, 5 ou 6, para levar os cardeais de volta à Casa Santa Marta. Via ali o carro do Santo Padre e a escolta, a segurança, as motocicletas. Pensei que tudo tinha voltado à normalidade, que o carro do Papa teria voltado ao serviço. Nós tomamos o ônibus. Outros cardeais esperam para saudar o Papa em seu retorno à casa Santa Marta. Quando chega o último ônibus, adivinha quem desce? O Papa Francisco! Imagino ele dizendo ao motorista: “Sem problemas, eu vou com os rapazes de ônibus”.
 
Segundo o cardeal Dolan, o novo Papa “é um homem maravilhoso, de grande simplicidade. Ele nos disse que tinha a intenção de visitar a Basílica de Santa Maria Maior para saudar Maria. Disse que irá saudar Bento XVI, e depois teria de ir à Casa do Clero, para pegar suas coisas e pagar a conta, pois é onde ele estava hospedado antes”.

Habemus Papam!




Que alegria! Que beleza de dias estes de espera confiada em Deus e também presenciar a humanidade inteira de olhos postos em São Pedro, em Roma, na Igreja, em Jesus!

Um bom amigo de Coimbra fez-me já chegar o texto abaixo e este e este links onde já é possível ir lendo algumas coisas da autoria e sobre o novo Papa. Viva o Papa Francisco Iº!

Nota: sendo a minha avó materna argentina (de Buenos Aires) e portanto 1/4 do meu sangue argentino também, tenho pois motivos redobrados para celebrar...;-) E daí ainda maior interesse pelas notícias que sairam nestes dois jornais daquele país e que me foram também enviadas pelo mesmo amigo. São do La Prensa e do Clarin.



A los sacerdotes, consagrados y laicos de la Arquidiócesis.

 Rasguen su corazón y no sus vestidos;

vuelvan ahora al Señor su Dios,

porque Él es compasivo y clemente,

lento para la ira, rico en misericordia…

 

Poco a poco nos acostumbramos a oír y  a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor y en nuestra propia carne. El drama está en la calle, en el barrio, en nuestra casa y, por qué no, en nuestro corazón. Convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos en tantos países del  mundo. Convivimos con la envidia, el odio, la calumnia, la mundanidad en nuestro corazón. El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las  personas y de los pueblos más frágiles no nos son tan lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como la droga, la corrupción, la trata de personas - incluso de niños - junto con la miseria material y moral son moneda corriente. La destrucción del trabajo digno, las emigraciones dolorosas y la falta de futuro se unen también a esta sinfonía. Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan fuera de este gran panorama. Los egoísmos más personales justificados, y no por ello más pequeños, la falta de valores éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las familias, en la  convivencia de los barrios, pueblos y ciudades, nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades destructoras.

La trampa de la impotencia nos lleva a pensar: ¿Tiene sentido tratar de cambiar todo esto? ¿Podemos hacer algo frente a esta situación? ¿Vale la pena intentarlo si el mundo sigue su danza carnavalesca disfrazando todo por un rato? Sin embargo, cuando se cae la máscara, aparece la verdad y, aunque para muchos suene anacrónico decirlo, vuelve a aparecer el pecado, que hiere nuestra carne con toda su fuerza destructora torciendo los destinos del mundo y de la historia.

La Cuaresma se nos presenta como grito de verdad y de esperanza cierta que nos viene a responder que sí, que es posible no maquillarnos y dibujar sonrisas de plástico como si nada pasara. Sí, es posible que todo sea nuevo y distinto porque Dios sigue siendo “rico en bondad y misericordia, siempre dispuesto a perdonar” y nos anima a empezar una y otra vez. Hoy nuevamente somos invitados a emprender un camino pascual hacia la Vida, camino que incluye la cruz y la renuncia; que será incómodo pero no estéril. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos.

En este día, son fuertes y desafiantes las palabras del profeta Joel: Rasguen el corazón, no los vestidos: conviértanse al Señor su Dios.  Son una invitación a todo pueblo, nadie está excluido.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una penitencia artificial sin garantías de futuro.

Rasguen el corazón y no los vestidos de un ayuno formal y de cumpli-miento que nos sigue manteniendo satisfechos.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una oración superficial y egoísta que no llega a las entrañas de la propia vida para dejarla tocar por Dios.

Rasguen los corazones para decir con el salmista: “hemos pecado”. “La herida del alma es el pecado: ¡Oh pobre herido, reconoce a tu Médico! Muéstrale las llagas de tus culpas. Y puesto que a Él no se le esconden nuestros secretos pensamientos, hazle sentir el gemido de tu corazón. Muévele a compasión con tus lágrimas, con tu insistencia, ¡importúnale! Que oiga tus suspiros, que tu dolor llegue hasta Él de modo que, al fin, pueda decirte: El Señor ha perdonado tu pecado.” (San Gregorio Magno) Ésta es la realidad de nuestra condición humana. Ésta es la verdad que puede acercarnos a la auténtica reconciliación… con Dios y con los hombres. No se trata de desacreditar la autoestima sino de penetrar en lo más hondo de nuestro corazón y hacernos cargo del misterio del sufrimiento y el dolor que nos ata desde hace siglos, miles de años… desde siempre.

Rasguen los corazones para que por esa hendidura podamos mirarnos de verdad.

Rasguen los corazones, abran sus corazones, porque sólo en un corazón rasgado y abierto puede entrar el amor misericordioso del Padre que nos ama y nos sana.

Rasguen los corazones dice el profeta, y Pablo nos pide casi de rodillas “déjense reconciliar con Dios”. Cambiar el modo de vivir es el signo y fruto de este corazón desgarrado y reconciliado por un amor que nos sobrepasa.

Ésta es la invitación, frente a tantas heridas que nos dañan y que nos pueden llevar a la tentación de endurecernos: Rasguen los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena la suavidad de la ternura de Dios.

Rasguen los corazones para sentir ese eco de tantas vidas desgarradas y que la indiferencia no nos deje inertes.

Rasguen los corazones para poder amar con el amor con que somos amados, consolar con el consuelo que somos consolados y compartir lo que hemos recibido.

 Este tiempo litúrgico que inicia hoy la Iglesia no es sólo para nosotros, sino también para la transformación de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra Iglesia, de nuestra Patria, del mundo entero.  Son cuarenta días para que nos convirtamos hacia la santidad misma de Dios; nos convirtamos en colaboradores que recibimos la gracia y la posibilidad de reconstruir la vida humana para que todo hombre experimente la salvación que Cristo nos ganó con su muerte y resurrección.

Junto a la oración y a la penitencia, como signo de nuestra fe en la fuerza de la Pascua que todo lo transforma, también nos disponemos a iniciar igual que otros años nuestro “Gesto cuaresmal solidario”. Como Iglesia en Buenos Aires que marcha hacia la Pascua y que cree que el Reino de Dios es posible necesitamos que, de nuestros corazones desgarrados por el deseo de conversión y por el amor, brote la gracia y el gesto eficaz que alivie el dolor de tantos hermanos que caminan junto a nosotros. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande». (San Juan Crisóstomo)

Este año de la fe que transitamos es también la oportunidad que Dios nos regala para crecer y madurar en el encuentro con el Señor que se hace visible en el rostro sufriente de tantos chicos sin futuro, en la manos temblorosas de los ancianos olvidados y en las rodillas vacilantes de tantas familias que siguen poniéndole el pecho a la vida sin encontrar quien los sostenga.

Les deseo una santa Cuaresma, penitencial y fecunda Cuaresma y, por favor, les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Paternalmente

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

 

Buenos Aires, 13 de febrero de 2013, Miércoles de Ceniza